
Machu Picchu, Iguazú, Oaxaca, la Alhambra, la torre Eiffel y el Louvre, la muralla china…: no sé si te pasa lo mismo, pero a mi me agobia cada vez más lo de hacer fila durante horas con miles de otros turistas para visitar las maravillas de América Latina, España y del mundo.
Pues sí, así soy. No cuentes conmigo para reservar en linea con semanas de antelación un boleto de entrada al Guggenheim de Nueva York o Bilbao, o al museo Frida Kahlo en México. Prefiero ir al museo Trotsky a dos cuadras en Coyoacán, mucho menos concurrido. No tiene nada que ver con la ideología, sino con la posibilidad de visitar el lugar cuando se me antoje, sin estar asediado por un ejército de lectores de Lonely Planet.
Pues sí, yo soy de los que huyen de lo que se llama ahora el sobreturismo. Creo que es una necesidad vital. El turismo masivo perjudica al medio ambiente, amenaza al patrimonio urbano de ciudades tales como Venezia, o encarece el costo de la vivienda en ciertas urbes como Barcelona, donde unos locales llegaron a agredir a turistas.
No a la Disneylandización del patrimonio
¿Cómo viajar respetando la historia y el espíritu del lugar y el medio ambiente? ¿Cómo repartir los beneficios del turismo de manera equitativa? ¿Cómo evitar la Disneylandización del mundo?
La cuestión es crucial. Cuando nacimos en los 60 o en los 70, el planeta contaba apenas con cuatro mil millones de habitantes, contra cerca de ocho mil millones ahora. El turismo creció aún más: 177 millones de turistas en el 1970, casi 1.5 mil millones el año pasado.
De hecho, es el sector económico más dinámico del mundo. Fue el símbolo de la recuperación de la economía global después del derrumbe pandémico. Crece a la par del transporte aéreo: 4,96 mil millones de pasajeros el año pasado, contra menos de tres mil millones en 2010. “Representa el 9,1% del PIB mundial, el equivalente a 9,9 billones de dólares en 2023”, según Joseph M. Cheer, catedrático de Turismo Sostenible y Patrimonio de la Universidad Western Sydney, Australia.

Calenda tradicional en Oaxaca, México, 25 de julio de 2025. ST por Algo
Francia, España y Estados Unidos son los tres países más visitados del mundo, con México en la séptima posición, según los datos de la Organización mundial del turismo. Los turistas vienen principalmente de Europa y Estados Unidos.
Se me ocurrió escribir esta nota durante un reciente viaje a Oaxaca. Mar, playa y sierra, vestigios mesoamericanos, ciudad colonial y pueblos mágicos, culturas indígenas vivas, mezcal y museo Tamayo…este estado es la quintaesencia de México, por su diversidad geográfica y su riqueza cultural. Por lo menos dos veces al año, Oaxaca se convierte en una capital más del turismo masivo, en julio para las fiestas tradicionales de la Guelaguetza, y el 2 de noviembre, día de muertos, cuando las “Catrinas” y las calaveras desfilan en procesión por la ciudad. Las calles y los hoteles se llenan a tope. Las casas coloniales pierden su esencia al convertirse en tiendas de souvenirs baratos o en restaurantes que ofrecen menús en ingles (oh, my god). Hay que aguantar una interminable fila de autobuses para llegar hasta la zona arqueológica de Monte Albán.
En fín. El turismo se ha democratizado demasiado, suspira una amiga bastante nostálgica del siglo XIX, cuando apenas una puñada de aristócratas descubrían Nizza y la French riviera. Se tendría, dice ella, que priorizar el acceso a Monte Albán a quienes conozcan al pie de la letra la historia de la época clásica zapoteca, para evitar que el sitio sea otro parque de diversiones u otro selfieland.

Monte Alban, Oaxaca, México, diciembre 2021. Algo.
Demasiada elitista se puso mi amiga. El patrimonio es de todos, le respondí. Cada quien se merece visitar Monte Albán o la catedral Santo Domingo, o el convento junto a la catedral. Alberga en sus pasillos y sus salas un museo de historia regional curado por el excelentísimo Instituto national de antropología e historia (INAH, la dependencia federal que protege el patrimonio mexicano). Y los padres necesitan pasar tiempo de calidad junto con sus hijos fuera de la rutina habitual casa/escuela/trabajo. Y Dios sabe lo complicado que es ocupar a los niños durantes las vacaciones…
Pero la verdad empecé a disfrutar el viaje a Oaxaca cuando dejé la capital del Estado y me fuí a los pueblos de la Sierra como Capulálpam. De repente los hoteles cuestan la mitad de lo que vale una noche en la Ciudad de Oaxaca. Y lo que no tiene precio: te acercas a la historia viva de los pueblos, del pueblo, de las comunidades que se rigen bajo sus usos y costumbres.

Vista de Capulalpam de Mendez, julio 2025.
También, fue todo un descubrimiento visitar la sierra mixteca donde abundan los conventos dominicos, como el de San Pedro/San Pablo o Santo Domingo Yanhuitlán.

Santo Domingo Yanhuitlán. Agosto 2025. Algo.
En fín. Otro turismo es posible y necesario, en Oaxaca, México, América Latina y otros países del mundo. Ahora te compartimos unas sugerencias.
Este “tour operator” mexicano se presenta como “una empresa social cuya misión es regenerar la naturaleza y la cultura a través del turismo”. Todo se deriva de este planteamiento: “¿Cómo pueden las comunidades indígenas y rurales en México beneficiarse de su rica biodiversidad y cultura mientras la preservan, regeneran, y crean oportunidades de empleo dignas?”.
Otros ejemplos en la región. Costa Rica es hogar de alrededor del 5% de la biodiversidad global. Ahí también el turismo va creciendo (2,6 millones de visitas en 2024, un aumento del 7,7% en comparación con el año anterior).

Costa Rica. Maquenque. Agosto 2025. L.Cuvillier/Algo
“Nuestro compromiso es asegurar que cada visitante descubra la riqueza natural y cultural que Costa Rica tiene para ofrecer, impulsando el desarrollo sostenible de nuestras comunidades”, asegura el ministro de Turismo William Rodriguez. El país se esfuerza en promover un “turismo que promueve el ahorro y el uso eficiente de recursos naturales del país” y que ” se compromete con la comunidad y sus necesidades, buscando una solución ambiental”. Y sin embargo Costa Rica recibió a 167 cruceros en la temporada 2023/2024, o sea el peor símbolo de la industria turística…
En Perú, Machu Picchu se considera como una de las sietes maravillas del mundo. Ubicado a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, el templo Inca compite en la categoría de los sitios más visitados del mundo (1,5 millones de visitantes el año pasado). Y el flujo va incrementando “con 191.351 visitantes en enero y febrero, superando en más de 27.000 las cifras del mismo período en 2024”, según la Cámara de Comercio y Turismo de Cusco.
El ministerio de Cultura impone un cupo diario de visitantes por día (4.500 en temporada baja y 5.600 en temporada alta). El objetivo es garantizar la protección y conservación del patrimonio arqueológico, y optimizar la experiencia de los excursionistas.
Machu Picchu es el ejemplo por antonomasia de los excesos a los cuales nos llevan el turismo masivo. Se está llevando a cabo la construcción de un aeropuerto cerca del sitio, en el valle sagrado de Chinchero. “El Aeropuerto registra un avance general del 31.2 % en su construcción”, puntualizó el gobierno en mayo. Limitar el número de visitantes a Machu Picchu. Construir un aeropuerto. ¿Dónde está la lógica?
Ahí también unas agencias de turismo ofrecen rutas alternativas para llegar al santuario caminando por los caminos Inca y respetando el espíritu de la zona.
https://caminoincamachupicchu.org/camino-inca-machu-picchu-clasico-4-dias
Poco se puede esperar de las empresas y de las autoridades. Quieren sacar el máximo beneficio posible del turismo masivo, la gallina de los huevos de oro de nuestra época. Nos toca a nosotros los consumidores viajar con responsabilidad, sin utilizar los cruceros que llegan a Costa Rica o los aviones que se esperan en el nuevo aeropuerto de Cusco. Nos toca redescubrir el arte de viajar más allá de los senderos batidos del turismo masivo.
https://courier.unesco.org/es/articles/viajar-sin-dejar-rastro
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