Es un monumento intelectual del siglo XX y un ejemplo viviente de longevidad. El filósofo y sociólogo francés cumplió 50 años en… 1971, cuando muchos de nosotros apenas habíamos nacido.
“Mi cuerpo tiene menos capacidad, pero mi espíritu sigue igual”, dice el centenario que aún sabe indignarse por la situación en Ucrania o Gaza, o maravillarse al caminar bajo el sol. ¿Será su curiosidad intelectual, sus compromisos políticos y su amor por la vida el secreto de su longevidad?
Edgar Morin “viene del futuro” y nos muestra el camino. Ya lo decíamos al lanzar este portal: el 21% de los latinoamericanos mayores de 45 años creen que vivirán más de 100 años.
“Quiero vivir hasta los 120 años. Y apenas tengo 79. Entonces todavía hay tiempo”, suele comentar uno de los más ilustres de todos, el presidente brasileño Lula. Cierto o no, el número de centenarios seguirá creciendo con el aumento de la esperanza de vida.
Escuchar a Edgar Morin es, entonces, más importante que nunca. Además de su inmenso legado intelectual, nos enseña cómo envejecer bien, cómo abrazar la longevidad, pese al inevitable desgaste del cuerpo.
¿El secreto? El amor y la curiosidad
“Pasados los ochenta años, pensé que ya era tiempo de morir. Cuando cumplí noventa, pensé: parece que esto va para largo… y dejé de pensar en la muerte”, contó en 2021, al presentar su libro “Enseñanza de un siglo de vida”, justo al cumplir los 100 años.

Edgar Morin en el programa de televisión “La grande librairie”, 23 de octubre de 2024. Captura de pantalla por @AlgoPorVenir
“La vida sigue trabajando en mí”
“No tengo resignación”, decía también en 2022, a los 101 años, en la radio pública France Inter. “Perdí las ilusiones de la juventud, pero mantengo las mismas aspiraciones. Sigo sintiendo la poesía de la vida, la poesía de vivir, de caminar al sol. Perdí a muchos amigos, pero aún tengo. Tengo una relación de amor con mi esposa. Mi cuerpo perdió capacidades, pero mi espíritu sigue igual. Sigo activo. Sigo presente. No tengo secreto. Es la vida que sigue trabajando en mí”, destacó.
A sus 104 años, sigue activo en su cuenta de X (antes Twitter) @edgarmorinparis, donde lo siguen más de 217 mil personas. Hace unos días, compartió una frase del argentino Jorge Luis Borges: “Yo no hablo de perdones ni de venganzas. Lo mío es más simple: las personas que me lastiman dejan de existir para mí. No me ocupo nunca más de ellas. El olvido es la única venganza y el único perdón”.
“Hay que testificar”
Antes que nada, Edgar Morin es un intelectual comprometido con su tiempo. Testigo lúcido de los siglos XX y XXI, comparte la misma claridad que su amigo Stéphane Hessel, quien a los 93 años publicó “¡Indígnense!”, libro que inspiró el movimiento de los Indignados en España y algunos países de América Latina.
Hijo de una familia judía sefardí de París, Morin (nacido bajo el nombre de Edgar Nahoum) también alzó la voz ante la violencia en Gaza:
“Estoy atónito e indignado de que los descendientes de un pueblo perseguido durante siglos, que hoy lideran el Estado israelí, puedan colonizar y expulsar a otro pueblo de su tierra.” Denunció la “carnicería” que padecen los civiles y el silencio de Estados Unidos, los países árabes y Europa: “Estamos viviendo una tragedia horrible”.
Y concluyó: “Yo digo: hay que testificar. Es lo único que queda si no podemos resistir de forma concreta”.
El pensamiento complejo
Morin ha dedicado su vida a pensar la complejidad del mundo. Cuando nació, en 1921, la humanidad apenas alcanzaba los 1,800 millones de personas. No existían ni la radio ni la televisión.
A sus veinti tantos años, se unió a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. “Entendí que hay una diferencia entre vivir y sobrevivir. A veces, vivir es arriesgar la vida”, dijo.
Hiroshima, la Guerra Fría, la descolonización, el cambio climático, el Internet, las pandemias… En más de 60 libros, desarrolló el método del “pensamiento complejo” para entender la interacción entre fenómenos que parecen aislados.
“La realidad no está dividida en sectores como en las asignaturas escolares”, decía en 2021, en plena pandemia. “La crisis que vivimos es sanitaria, pero también afecta al trabajo, al amor, a los vínculos sociales. La complejidad es ver cómo todo está conectado: el individuo, la especie, la sociedad. Yo veo el vínculo entre esas realidades, un vínculo complementario y a veces contradictorio”.
Una generación de sabios longevos
Como Morin, otros grandes pensadores longevos siguen siendo faros para generaciones más jóvenes.
El lingüista americano Noam Chomsky, de 96 años, es uno de los intelectuales más influyentes del mundo. “Yo crecí durante la Gran Depresión, a principios de los años treinta, pero reinaba una atmósfera de esperanza (…) Si mira las crisis actuales, en cambio, Europa aún se agarra a una democracia social, pero Estados Unidos se encamina al protofascismo, lo contrario de lo que ocurrió en mi infancia”, dijo hace poco.
En México, la escritora, periodista y activista Elena Poniatowska (93 años) es una figura publica que comparte su sabiduría con los más jóvenes. “El corazón va y viene hasta que un día se para”, dijo en 2024 en un elogio de la comunicación efectiva. “Si ustedes pueden escuchar al otro, van a sentir que su vida crece y se vuelve inmensa”.
Mientras que en Francia, el editor Maurice Nadeau, que murió a los 102 años en el 2013, pudo hasta el final compartir su pasión por la literatura cada dos semanas en La Quinzaine littéraire (La Quincena literaria). Fue el descubridor de Michel Houellebecq y Malcom Lowry y su inolvidable “Bajo el volcán”, novela ubicada en Cuernavaca, México.
Y no olvidemos a los artistas longevos: Picasso, Miró, Chagall, o Sófocles, que vivió hasta los 90 años en la antigüedad.
Con un poco de curiosidad, mucho compromiso con la vida y algo de locura, se puede vivir hasta los 100 años, y vivir bien.
Morin lo demuestra cada día.
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